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TEÓFILO CID VALENZUELA (Temuco, 27 de septiembre de 1913 - Santiago, junio de 1964) Hijo de un funcionario de ferrocarriles, comienza su vida escolar en el Liceo Alemán de Osorno, para luego continuar en diversas ciudades del sur de Chile: Puerto Varas, Temuco, Concepción, y Talca, ciudad donde termina sus humanidades. Luego, en Santiago cursa estudios en la Escuela de Derecho por dos años. Posteriormente se integra a la planta del Ministerio de Relaciones Exteriores. Siendo reconocido como un hombre de amplia cultura, inteligente y perspicaz, talentoso como escritor, poseedor de una intuición de mundo que le dotaba ampliamente para hacer una exitosa carrera diplomática, decide, sin embargo, renunciar a todo para dedicarse completamente a la literatura. Comienza a incursionar en el periodismo y, con ello, en una bohemia ambulatoria y consuetudinaria en la que a corto andar adquirió fama de talentoso polemista, dotado de una agudeza mental que solía causar estragos en el auditorio. Su permanente trashumancia por las calles céntricas de Santiago, no sólo lo convirtieron en un poeta maldito de su época –dandy de la miseria, solían decir de él-, sino que además le dieron la capacidad de percibir los diferentes tiempos que arrastra el curso cotidiano de aquellas calles de los años cincuenta.
Según su propio testimonio, la carrera literaria de Cid se inicia en Concepción, cuando en raptos de irresponsabilidad escolar, hacía la cimarra y se iba al cerro Caracol o al cementerio a leer los libros que, a veces, conseguía dificultosamente en la biblioteca. A los doce años, comienza a sacarle partido a la máquina de escribir de su progenitor.
Sin embargo, podríamos decir que la carrera literaria formal de Teófilo Cid comienza en Talca. Allí se encuentra con otros futuros escritores: Braulio Arenas y Enrique Gómez-Correa. Cuando, terminada las humanidades, el trío se reúne en Santiago para continuar estudios superiores, adoptan una posición común y, siguiendo las claves del surrealismo, fundan el grupo La Mandrágora. Cid se convierte así en un militante del surrealismo y el grupo se transforma en una de los referentes más importantes del movimiento en Sudamérica.
Aunque fue eminentemente un poeta, su obra transita también por la narrativa, por el ensayo, y por la dramaturgia. Hay quienes piensan que es a través de su prosa, especialmente la prosa periodística –mucho más abundante que la poesía que le conocemos-, donde Cid mejor demuestra que su creación fue un arte estrechamente relacionado con la existencia. Mediante su prosa  se pronunció sin eufemismos sobre la realidad que, sin aspavientos, se había dedicado a observar, trazando de este modo una suerte de historia espiritual de su generación y de su época, con un rigor que denota toda su inmensa y privilegiada cultura. La conversación, la crítica, la lectura y la escritura llenaban sus días, actividades que unidas a una férrea idea de libertad y de responsabilidad frente al oficio del artista lo convierten en uno de aquellos poetas que, al unir vida y obra, asegúranse el respeto y la admiración de la posteridad.
Escribió mucho y publicó poco, tanto así que gran parte de su obra se encuentra dispersa en revistas como Mandrágora, Multitud, Ximena,Leit Motiv, Pro-Arte; y en algunos diarios de la época: La Nación y La Hora, por ejemplo.
En 1965, gana el Primer Premio del Concurso Nacional Gabriela Mistral, con la obra teatral Alicia ya no Sueña. Hasta donde se sabe este es el único premio literario ganado por Teófilo Cid.
Bohemio irrecuperable, alcohólico, aunque lúcido hasta el final, muere el 13 de junio de 1964, en el pensionado del hospital José Joaquín Aguirre, víctima del cáncer.

OBRAS PUBLICADAS:

Bouldroud, cuentos surrealistas. 1942.
El Tiempo de la Sospecha, novela. 1952.
Camino del Ñielol, poemas. 1954.
Niños en el Río, poemas. 1954.
Nostálgicas Mansiones, poemas, 1962.
Hasta Mapocho no más, recopilación de crónicas periodísticas editada por el escritor Alfonso Calderón. 1976.
 
 

SELECCIÓN





COLLAGE

Los pájaros bordean el ocaso
con su sombra abrigan el paisaje.
Pájaros de leche,
pájaros de rientes mordeduras
que salen de la aurora como besos aplastados por la noche.

Ellos saben que la sombra
los protege, los defiende, los encierra
en huevo de esmeralda.
Incansables aletean
sobre el césped de virtud de las sonrisas
como júbilos filiales del hastío.

Pájaros de enigma en la piel
pájaros de labios como ojos
que desnudan a la sombra de su tedio.

Los seres son más lentos que el cabello
se espacian se aíslan en sus rocas
y hay dedos que el amor aún no ha tejido,
cuerpos que agravan al amar su libertad.

Mundo natal mundo de donde vienen
rincones infinitos a formar su horizonte,
vestidos como naipes en un sueño
de amor y libertad.

Todos los pájaros son sombras que vuelan
latidos de un mismo pulso
arrugas de una misma ondulación
Todos los pájaros son siempre las doce.

Sus alas espejos destilan
y donde hay una imagen los cuerpos ya no
                                        duermen
los pájaros--espejos sorben la sed de los cuerpos
la sed que es un cielo avisado al desierto

Pero los hombres
tienen sed de pensar en las sombras
que vuelan.
 

LAS MADRES

Las madres miran hacia el norte
Miran hacia el sur
Hacia todos los puntos del viejo horizonte
Y sufre las madres
Sabiendo que el mundo tiene tantas direcciones.

Me he cansado de llorar pensando en ellas
Al herir la piedra con mis cóleras a veces,
Porque sé que en cada piedra
En cada convulsión de átomos crecientes
Las madres miran con sus ojos claros.

En cada punto del paisaje
Sea el sur o sea el norte
Sus miradas ondulan la orientación terrestre.

Las madres están allí donde estuviste,
Pensando en tu muerte
Bajo los pensamientos estériles
Sus presencias eran mieses
Y bajo tus plantas heridas
Sembraban cereales de vida

Las miradas de las madres forman
La bruma que a eso de la tarde
Nos penetra en la sangre.

Ellas lo saben muy bien
Por eso miran hacia todas las direcciones,
Pensando que somos tan jóvenes
Tan dados a ser víctimas del sur o del norte.


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