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PEDRO DE OÑA  (Angol, 1570 - Lima, 1643) Al decir de los cronistas coloniales, don Pedro de Oña es el primer poeta nacido en el Reyno de Chile. Su niñez transcurrió en su pequeña aldea natal, levantada en el corazón mismo de la selvática Araucanía. En plena adolescencia, protegido por Hurtado de Mendoza, emigra y continúa sus estudios en la capital peruana, incorporándose a la Universidad de San Marcos. En Lima se encuentra en medio de un nuevo ambiente en que se sorprende y se encanta con la vida social y las tertulias literarias. A los 24 años escribe los 19 cantos (16.000 versos) de su Arauco Domado, obra dedicada a Hurtado de Mendoza y que le da un lugar priviligiado en la historia literaria chilena.
La celebridad de Oña no se debe sólo al hecho de ser el primer poeta chileno, sino al significado mismo de su obra. Dice Francisco Santana: Oña se sobrepone al ambiente y su obra juvenil llama la atención por pertenecer a la tendencia poética más avanzada de la poesía española, la culterana, que ha llegado hasta nuestros días como una de las más altas expresiones del lirismo hispánico. (Evolución de la Poesía Chilena)
Sin imaginárselo siquiera, Pedro de Oña aparece entre los innovadores al romper los moldes tradicionales de la lírica de su época. En su obra se entrelazan con nuevos bríos las formas expresivas, lo medios y la utilización de los elementos históricos y de la naturaleza. Existen, sin embargo, detractores de su calidad como escritor.
Arauco Domado no es un poema propiamente épico como podría pensarse, ya que carece de importancia para la historia por la falta de realismo de sus episodios, aunque su motivación fundamental fue celebrar las supuestas hazañas del gobernador Hurtado de Mendoza. Sin embargo, debe considerársele como un todo lírico, aún con sus altos y bajos.  Como dice Francisco Santana, en la obra ya citada: Quien se acerque a la frondosidad creadora de Pedro de Oña ha de encontrar una galanura y delicadeza, un brillo metafórico y un lirismo que sólo pueden verse trescientos años más tarde. Tal es la importancia del bardo colonial que inaugura la poesía propiamente chilena.

OBRAS PUBLICADAS:

--Arauco Domado (1596) Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1979.
--Temblor en Lima (1609) Edición Facsimilar, Santiago de Chile 1909.
--El Vasauro (1635) Museo Bibliográfico de la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile, 1941.
--El Ignacio de Cantabria (1639) Universidad de Concepción y Fundación Andes, 1992.
 
 

SELECCIÓN








FRESIA Y CAUPOLICÁN EN EL BAÑO. (del Canto V)

La fuente, que con saltos mal medidos
por la frisada, tosca y dura peña
en fugitivo golpe se despeña,
llevándose de paso los oídos,
en medio de los árboles floridos
y crespos de la hojosa y verde greña,
enfrenta el curso oblicuo y espumoso
haciéndose un estanque deleitoso

Por cristal bruñido y trasparente
las guijas y pizarras de la arena,
sin recibir la vista mucha pena
se pueden numerar distintamente;
los árboles se ven tan claramente
en la materia líquida y serena
que no sabréis cuál es la rama viva,
si la que está debajo o la de arriba.

Aquí Caupolicán caluroso
con Fresia, como dije, sesteaba,
y sus pasados lances le acordaba
por tierno estilo y término amoroso:
no estaba de la guerra cuidadoso,
ni cosa por su cargo se le daba,
porque do está el amor apoderado,
apenas puede entrar otro cuidado.
 

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Desciende el estanque juntamente:
que los está llamando su frescura,
y Apolo que también los apresura,
por se mostrar entonces más ardientes;
el hijo de Leocán gallardamente
descubre la corpórea compostura,
espalda y pecho anchos, muslo grueso,
proporciona carne y fuerte hueso.

Desnudo al agua súbito  se arroja
la cual con alboroto encanecido
al recibirle forma aquel ruido
que el árbol sacudiéndole la hoja
el cuerpo en un instante se remoja,
y esgrime el brazo y músculo fornido,
supliendo con el arte y su destreza
el peso que le dio naturaleza.

Su regalada Fresia, que lo atiende,
y sola no se puede sufrir tanto,
con ademán airoso lanza el manto
y la delgada túnica desprende;
las mismas aguas frígidas enciende,
al ofuscado bosque pone espanto,
y febo de propósito se para
para gozar mejor su vista rara...
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Es el cabello liso y ondeado,
su frente, cuello y mano son de nieve,
su boca de rubí graciosa y breve,
la vista garza, el pecho relevado,
de torno el brazo, el vientre jaspeado,
columna a quien el paro parias debe,
su tierno y albo pie por la verdura
al blanco cisne vence en la blancura.
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Va zambullendo el cuerpo sumergido,
que muestra por debajo el agua pura
de el cándido alabastro la blancura,
si tiene sobre sí cristal bruñido;
hasta que da en los pies de su querido,
adonde, con el agua a la cintura,
se enhiesta sacudiéndose el cabello
y echándole los brazos por el cuello...
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Alguna vez el nudo se desata,
y ella se finge esquiva y se escabulle,
mas el galán, siguiéndole, zambulle,
y por el pie nevado la arrebata:
el agua salta arriba vuelta en plata,
y abajo la menuda arena bulle;
la tórtola envidiosa que los mira,
más triste por su pájaro suspira.


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