duble DIEGO DUBLÉ URRUTIA (Angol 1877 - Santiago de Chile 1968) estudió en Talcahuano, Concepción y en el Instituto Nacional de Santiago. Luego siguió estudios de Leyes que no concluyó. Desde 1903 se dedicó a la diplomacia, y fue embajador en Francia, Australia, Brasil y Ecuador. Es recordado como uno de los fundadores del grupo literario Los Diez y de la Sociedad de Escritores de Chile.
Vivió dentro del período modernista, pero se apartó de sus propuestas en la sencillez y poca afectación de su poesía. Se le considera uno de los fundadores de la tendencia criollista y de la llamada poesía social. Enraizado en lo autóctono, preocupado de los humildes, rebelde frente a las injusticias, efectivamente creó, al comienzo, poemas cercanos al modernismo. En esta etapa muestra su interés por la forma, introduciendo la innovación del verso blanco. Se dice que también introdujo el humor en la poesía. Posteriormente, desde Del Mar a la Montaña, aparece su poesía vernacular, la preocupación social y la chilenidad, expresadas  en versos de arte mayor, rotundos y decididos. Así desde el modernismo navega hacia un nacionalismo vigoroso, casi naturalista, con una admirable fuerza descriptiva.
Poeta fundamental de la época y uno de los primeros que buscó un lenguaje propio de expresión criollista, Dublé Urrutia cimentó la estructura de una escritura renovada por las corrientes europeas del momento, recogiendo al mismo tiempo lo más esencial y auténtico de su propio terruño y creando las bases de la poesía moderna.
Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1958.
 
 
 

OBRAS PUBLICADAS.

--Veinte Años. (1898)
--Del Mar a la Montaña. (1903)
--Fontana Cándida. (1953)
--La Obra de Leonardo Pena. (1913)
--Nuestro Señor Jesucristo, Soberano y Rey. (1928)
--Profesión de Fe. (1929)
--Memoria Genealógica de la familia Dublé. (1942)
 
 

SELECCIÓN







LA PROCESIÓN DE SAN PEDRO. (Epílogo)

¡Llueve! ¡Llueve! La noche lo cubre todo
Ruge el mar de junio como una fiera
y es cada calle un río de lluvia y lodo,
y el retumbar del trueno ya desespera.
¡Llora! San Pedro ¡Llora!.... No hay un cristiano
que alrededor del fuego no se caliente;
pasa el mate de mano en mano,
baja por las gargantas el aguardiente;
y hasta en los camarotes de algún navío
gozan, su pipa el viejo, su ron el mozo;
sólo el señor San Pedro tiembla de frío
en lo más escondido del mar furioso...
Solo, mirando al cielo, con sus dos llaves,
Mira como lo estudian los ojos graves,
turnios y dislocados de las corvinas.

Siente, sin inmutarse (de yeso al cabo),
Que un consistorio entero de jaibas mozas
Miden su santo cuerpo de cabo a rabo
Con sus garfiadas patas irrespetuosas...
¿Es una azar de tantos o es un castigo?...
¡Vieja que estás rezando, dobla tus preces,
que hace ya veinte siglos tu pobre amigo
al Salvador del Mundo negó tres veces!


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