huenun

JAIME LUIS HUENÚN (Valdivia, 1967) Estudió Pedagogía en Castellano en el Instituto Profesional de Osorno y en la Universidad de la Frontera de Temuco. En 1996 y 1997 obtuvo financiamiento del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART) para sus proyectos de creación poética Ceremonias y Viaje al país de los manzaneros. En 1998 obtiene la beca para escritores del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
Fragmentos de su obra poética han sido publicados en revistas y antologías nacionales, entre las cuales están: Cartas al Azar. Ergo Sum, 1989; Zonas de Emergencia. Paginadura, 1994; y Ül: Four mapuche poets. Americas Society y Latin American Library Review Press, 1998.
Con la obra Puerto Trakl gana en 1999 el Primer Concurso Nacional de Poesía El Joven Neruda, organizado por la I. Municipalidad de Temuco. La obra ganadora fue, posteriormente, publicada en la antología El Joven Neruda (Imprenta y Editorial Austral, octubre de 1999)
Dirige la Revista de Literatura Pewma (El Sueño) y realiza permanentes talleres de expresión poética en Temuco.
Reside en Freire, IX región de Chile.
De su obra, dice la escritora Delia Domínguez: La poética de Jaime Luis Huenún no es solamente una comunicación en la noche del lenguaje de fin de siglo, sino una revelación provocadora por el atrevimiento de sus fórmulas mágicas que, contenidos en una sintaxis de absoluta belleza olfativa, construyen un discurso donde contrapuntean el catecismo oral de su Butahuilliche, con los grandes temas del universo, pulseando, como el guerrero que es, la muerte y la vida en un desarrollo lírico-circular que conduce, inevitablemente, a lo infinito.
Por su parte, Verónica Jiménez, acota: Hay casos en que los hallazgos son tempranamente luminosos, como ocurre con Jaime Huenún. ¿Poeta de los noventa? Sí, puesto que esta es la década que ha visto nacer sus versos. (...) En Ceremonias, su primer libro...la fuerza y la limpieza del detalle, el lenguaje transparente y denso, las imágenes claras, dan cuenta de una búsqueda en pos de los visto y lo vivido.
 

OBRAS PUBLICADAS:

--Ceremonias. Editorial Universidad de Santiago, 1999.
 
 

SELECCIÓN







CEREMONIA DEL AMOR
 

Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín
e hualle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse
amantísimos, peumos
bronceáronse cortezas, coigües mucho
besáronse raíces e barbas e renuevos, hasta el amor despertar
de las aves ya arrulladas
por las plumas de sus propios
mesmos amores trinantes.

Mesmamente los mugrones huincas
entierráronse amantes, e las aguas
cholas abrieron sus vertientes alumbrando, a sorbos
nombrándose, a solas e diciéndose: aguas buenas, aguas
lindas, ay pero violadas somos aguas Rahue,
plomosas Pilmaiquén, floridas e parteras e aún felices
las arroyos que atraviesan como liebres
los montes e los cerros.

E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse
los Inallao manantiales verdes,
las Huaiquipán bravías
mieles, los Llanquilef veloces
ojos, las Relequeo pechos
zorzales, las Huilitraro quillay
pelos tordos, los Paillmanque
raulíes nuevos.

Huilliche amor, anoche amaron más
a plena chola arboladura, a granado
cielo indio perpetuo
amáronse, amontañados
como aguas potras e como anchimallén, al alba
oloroso amáronse,
endulzándose el germen lo mesmo
que vasijas repletas de muday.
 

PUERTO TRAKL (Fragmentos)

Bajé a Puerto Trakl entre neblinas.
Buscaba el bar de la buena suerte
para charlar sobre la travesía.
Pero todos vigilaban la estrella polar en sus copas,
mudos como el mar frente a una isla desierta.
Salí a vagar por las calles con faroles rojos.
Las mujeres se ofrecían sin afecto, fragantes y cansadas.
"A Puerto Trakl los poetas, vienen a morir", me dijeron
sonriendo en todos los idiomas del mundo.
Yo les dejé poemas que pensaba llevar a mi tumba
como prueba de mi paso por la tierra.

"Y si vienes a morir a Puerto Trakl,
no bebas de mi vino", dijo el tabernero.

Este bar no es la morgue de los ángeles
ni el cementerio de los fantasiosos.
Muchos hombres han cruzado el océano
por un jarro de cerveza, por una copa
de ginebra caliente.
Nadie aquí tiene patria ahora, y navegar
cansa más que la nostalgia y el amor.
Escucha, sólo escucha el estruendo del oleaje,
mientras el mirlo clama
entre las ramas y el viento.

"Aparta el mal de tu vida", decía el capitán
en el servicio de zarpe.
Los pelícanos cubrían el muelle,
y hasta el puerto llegaba el resonar de las maniobras.
"Pobres ustedes", decía el reverendo, pero nadie
comulgaba con sus dichos.
La soledad nos había curado para siempre
de todo temor
y de cualquier destino.
 
 


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