ocqueteaux

LEÓN OCQUETEAUX  (Pillanlelbun, 1937) Alejado de su pueblo natal, estudia leyes y luego se dedica a viajar por diversos países de América. Por un tiempo permanece en Ecuador, donde su poesía se conoce y aprecia; desarrolla, además, una vigorosa e intensa vida intelectual.
Gran lector, no es sino después de un período de largas lecturas, de asimilación y conocimiento del mundo poético que decide iniciar su propia obra creadora. Poeta de alas poderosas, a pesar de su obra breve en publicaciones, posee un versar moderno y apacible. Ama la vida cotidiana y busca la belleza sin temor al romanticismo.
Dice Carlos René Correa: Desnuda su voz para hablar a la mujer amada con singulares acentos de verdad esencial, dolida y sonámbula. Gonzalo Drago, por su parte, agrega: En la poesía de Ocqueteaux todo es simple, sencillo, sin complicaciones. Es un poeta nostágico que mira hacia la niñez y se complace en recordar sucesos insignificantes y que, no obstante, están impregnados de profunda poesía.
Su madura capacidad creadora se condensa líricamente en sus poemas amorosos y de evocación del paisaje del sur de Chile.

OBRAS PUBLICADAS:

--Dos poemas. (1962)
--Cuerno de Caza. (1965)
--Gorriones de 1943. (1970)
--Manzanas Robadas. (1992)
 
 

SELECCIÓN







MENSAJE A LA MUCHACHA DE UNA ALDEA

Aquí, junto al jardín abandonado,
en que corté las primeras rosas para ti,
surges como antaño, montada en tu caballo:
jugando con los perros, haciéndome señas desde el puente.
Entonces, es grato recordar,
como perseguíamos luciérnagas,
o nos tendíamos juntos al borde de las tardes soñadas.
Ah! Pero cuánta sombra nos persigue desde entonces...
Los días antiguos del verano, se detienen contemplándonos;
mientras a lo lejos el río susurra su canción de siempre,
y por el mismo camino regresan al pueblo las carretas.
Hoy es domingo. El cielo está muy azul.
Yo recorro los mismos senderos llamándote de colina a colina.
Pero el olvido, es una vieja bruja que te oculta;
y sólo el viento recoge mis palabras vacías para siempre.
A veces, te diviso bajo los castaños,
leyendo tus viejas revistas, y hojeando mis cuadernos de estudiante,
y es entonces cuando despiertan tus palabras olvidadas.
"Es para soñar", decíamos esa tarde
en que balaban las ovejas junto a los corrales.
Pero ahora tú estás lejos, o has partido. Y yo estoy triste,
volcando en mis pupilas un poco de regreso.
Pero es inútil. Y sólo malezas crecen junto al jardín abandonado
en que una tarde cogí flores para ti.
Y tú ya no estás. Y todo es cierto,
como que ahora te escribo tendido sobre el pasto, llorando..


Volver