valle JUVENCIO VALLE. (Gilberto Concha Riffo, Villa Almagro (Nueva Imperial), noviembre 6 de 1900 - Santiago,1999 ) Estudió en el Liceo de Hombres de Temuco, en donde fue compañero y amigo de Pablo Neruda con quien compartió por siempre su interés por las letras. Posteriormente estudió la carrera de Bibliotecología en la Universidad de Chile. Durante algún tiempo atendió el Depósito Legal de la Biblioteca Nacional. Por largos años fue funcionario de dicha Biblioteca donde culminó su carrera como Director de Bibliotecas, Archivos y Museos durante el gobierno de Salvador Allende. Fue, también, profesor de Lírica Chilena en la Universidad de Chile, Vicepresidente de la Alienza de Intelectuales de Chile, y miembro de la Sociedad de Escritores de Chile. Entre 1938 y 1939 permaneció en España como corresponsal de guerra para la revista Ercilla.
Su fuente de inspiración más importante  la constituyó la naturaleza del sur de Chile. Se dice de él que fue el poeta e la lluvia y del hombre, del bosque y del corazón. Una guitarra de cuerdas claras, le llamó Pablo Neruda, llamando la atención sobre su obra cuando los autores de vanguardia le negaban todo mérito a la simplicidad y a la claridad.  Su poesía ha quedado como la más alta expresión lírica del bosque chileno, y de la grandiosidad de la vegetación sureña.
Hombre discreto, enemigo de la publicidad y de los honores, recibió diversos premios por su labor creativa: Premio Concurso Literario IV Centenario de la Fundación de Santiago (1941); Premio de la Alianza de Intelectuales de Chile (1949); Premio Municipal de Poesía (1961). En 1966 recibe el Premio Nacional de Literatura.
 
 

OBRAS PUBLICADAS.

La Flauta del Hombre Pan. 1929.
Tratado del Bosque. 1932.
El Libro Primero de Margarita. 1937.
Nimbo de Piedra. 1941.
El Hijo del Guardabosques. 1951.
Nuestra Tierra se Mueve. 1960.
Del Monte en la Ladera. 1960
Estación del Atardecer. 1971.
Pajarería Chilena.
 
 

SELECCIÓN






BOSQUE
 

¿Con qué llave de cábala han de abrirse tus arcas?
¿Con qué piedra de gracia he de golpearte el pecho
para que al fin se me abran como flores tus puertas?
¡Oh majestuoso duende de la barba florida!

Aquí estoy de aventuras, pero nada he resuelto.
Tantos signos me mienten. La centella, la aurora;
mis pasiones tan vivas, el diablo del laberinto
y estas dudas de afuera como piedra y esfinge.

Aquí estoy de aventuras, pero nada poseo.
Ni el caballo que tiene la herradura de vidrio,
ni la cota de mallas para cambiar la cara,
ni la espada que canta como lirio en el aire.

¿Cuál será la medida de tu sésamo ábrete?
¿Cuál la cisterna húmeda, pura como una polca?

Ya, comadre cigüeña, baje del campanario,
eche su cuello al viento, baraje como una mula.
Calzado con mis virtuosas espuelitas de cobre,
corta se nos haría la estación de la luna.

Y, linda princesita mía, cómo estarás llorando
porque tu estrella triste se tumbó a la deriva.
Mas yo seré el que conquiste tu castillo de naipes,
el que te signe el pecho con su ramo de olivo.

Y pobre del dragón verde que está echado en el césped
gozándose en la doliente procesión de tus lágrimas.
Yo le haré que se oville como un perro de lana
hasta lamer el polvo de oro de tus sandalias.

Aquí estoy de aventuras, y está todo resuelto.
Yo seguiré mi norte, camino de la leyenda,
hasta que un sabio golpe de mi hacha de viaje
me haga llegar a siete estados bajo la tierra.
 
 

XVI
 

Bosque, dame las llaves de tu escondido reino;
fronda, tu vasto Océano de delgadas harinas,
puelche, tu empuje frío, tu caracol sonoro;
río, tu cinturón de ceñir continentes;
noche, tus yunques fríos, tus herreros nocturnos;
cielo, tu permanente asamblea de pájaros.

Tierra, dame la fiesta de tus ardientes iris.
Topa-topa, tus oros; salvia, tus azulejos;
copihue legendario, tu purpurina veste,
chilco de los barrancos, tu faldellín morado;
michay de los linderos, tu tornasol celeste;
dondiegodelanoche, tu medallón dorado.

Lingue, dame tu sombra suave como de aceite;
patagua, tu abrevadero de ángeles y pájaros;
laurel, tus hojas de oro para ceñir mi frente;
ulmo, tu colmenar de desbordadas mieles;
coigue, tu paragüero de horizontales alas.

Araucaria orgullosa, dame tu alta columna;
roble, tu pecho áspero de gigante y atleta,
luma, tu acero heroico; quila, tus enramadas,
boldo, para mis males, tu virginal botica;
canelo, para mis dudas, tus altares abiertos.

Temuco de la Frontera, dame tu tren llovido;
Carahue zozobrante, tus oxidadas hachas;
Villa Almagro lejano, tus abiertos diluvios;
Boroa, las leyendas de tus vírgenes rubias;
Imperial, el tesoro de tus aguamaniles;
Budi de los suspiros, dame tu Augusto Winter.
 
 
 


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